El Bosque Divino: Nuestro Llamado a la Vida Fructífera y Estable

El Pastor nos ha invitado a vernos como parte de un "bosque divino", un lugar que Dios mismo ha plantado, conformado por Sus hijos. Se nos ha recordado que Jesús, en su camino a la crucifixión, al ver el maltrato que recibía, preguntó: "Porque si en el árbol verde hacen esto, ¿qué sucederá en el seco?". Él es el "árbol verde", el árbol de vida. Y nosotros, Su pueblo, estamos llamados a ser como Él y a hacer lo que Él hizo. La Escritura nos lo confirma, diciendo que seremos llamados "árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya". ¡Somos árboles en el bosque de Dios!.

El bosque divino es un lugar donde Dios se manifiesta y se acerca. Se nos enseña que como árboles de este bosque, debemos "cantar con gozo delante del SEÑOR". Esto significa que, en todo momento y lugar, debemos vivir conscientes de que Dios nos está viendo. No solo en la congregación, sino en cada acto, pensamiento o palabra, debemos recordar que siempre estamos delante de Él.

I. Raíces Profundas: Plantados para Crecer

Se nos ha enseñado que un árbol no fue diseñado para estar en movimiento, sino para ser firmemente plantado. El Salmo 1:3 describe a la persona bienaventurada como "árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera".

El Señor Jesús, al sanar a un ciego, vio a los hombres "como árboles que caminan". Se nos explicó que esto no es natural para un árbol. Un árbol necesita echar raíces profundas para fortalecerse y alimentarse de lo que está bajo tierra. Un árbol que se mueve constantemente no puede crecer ni prosperar, y cualquier viento lo tumbará. De la misma manera, si uno se mueve constantemente de un lugar a otro, o de un propósito a otro, tendrá dificultades para crecer y establecerse.

Dios desea plantarnos donde haya alimento, donde Su Palabra fluya constantemente y donde Su Espíritu Santo se manifieste. La Palabra de Dios es el agua que nos nutre, y de nuestro interior fluirán fuentes del Espíritu Santo. Si Dios ha plantado a alguien en un lugar, no debe moverse de ahí; sino profundizar sus raíces en ese lugar. Se enfatizó que la única persona que puede mover a alguien de un lugar es Dios mismo.

II. Fruto Abundante: El Propósito de un Árbol

El propósito principal de un árbol es dar fruto. No somos árboles ornamentales o de adorno; cada uno tiene un propósito, una misión, un llamado y un ministerio de Dios.

III. Madera Firme: Útiles en la Obra de Dios

Más allá del fruto, los árboles también proveen madera, un recurso valioso para la construcción y edificación.

IV. Sombra de Refugio: Extendiendo Bondad

Un gran árbol no solo da fruto y madera, sino también sombra. Aunque este punto no se profundizó en este mensaje, se nos mencionó que un árbol grande echa grandes ramas, tanto que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombra (Marcos 4:32). Esto nos sugiere un llamado a proveer refugio y protección para los demás, compartiendo con el hambriento, recibiendo al sin hogar, cubriendo al desnudo y no escondiéndonos de nuestros semejantes (Isaías 58:7).